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lunes, 17 de septiembre de 2018

Reseña: La semilla de la bruja (Margaret Atwood)


Título: La semilla de la bruja
Autor: Margaret Atwood
Publicación original: 2016
Editorial: Lumen

♥ Gracias a Penguin Random House por el ejemplar ♥


• SINOPSIS 

Es un lunes cualquiera de enero de 2013 y Felix pasa el control de seguridad para acceder al centro correccional de Fletcher. Los guardias lo miran con simpatía y benevolencia; para ellos este hombre solo es el señor Duke, un cincuentón que en sus ratos libres se dedica a organizar funciones de teatro con los reclusos. El autor elegido siempre es Shakespeare, y este año el profesor les propone La tempestad.

Felix accede sin problemas al recinto de la cárcel, llevando consigo algo muy peligroso pero imposible de detectar a través de un escáner: son las palabras, aún vivas, robustas, sonoras, de una obra donde la venganza viaja a través del tiempo y se instala en el presente. De a poco, ensayo tras ensayo, los chicos de Fletcher, que quizá nunca antes habían oído hablar de Shakespeare, convierten la obra en algo muy personal. Ahí se encuentran con sus fantasmas y con algo de sí mismos que no sabían, pero hay más: Felix, ese profesor terco y a veces aburrido, el día del estreno de la obra también podrá vengarse de quien le arruinó en el pasado.

Hace no mucho tiempo atrás me encontraba con la noticia un poco tardía de que se publicaría una serie de libros bajo el nombre de The Hogarth Shakespeare, proyecto que se proponía reescribir en un contexto actualizado algunas de las obras más importantes del famoso dramaturgo. Los encargados del trabajo serían grandes autores como Jo Nesbo, Tracy Chevalier, Gillian Flynn, entre otros. Ante la curiosidad que me generaba esta propuesta, el primer libro que llegó a mis manos e inmediatamente leí fue La semilla de la bruja de Margaret Atwood, quien se encargó de traer a los tiempos modernos la vengativa historia de La Tempestad.

La agudeza de Atwood nos sumerge en un relato intenso y llamativo en donde exploramos una historia llena de traiciones y engaños, en un escenario que logra despegarse de un comienzo meramente teatral para dar de lleno en un ambiente carcelario en donde la realidad dejará de corresponderse con las apariencias.

Felix ha sabido disfrutar plenamente su éxito en el mundo teatral hasta que, desafortunadamente, sus planes a futuro entre bambalinas se derrumban tras la muerte de su mujer y, luego, de su pequeña hija Miranda, lo que es visto por su socio como la oportunidad perfecta para desafectar a Felix de sus funciones. Cuando se disponía a llevar a cabo la puesta en escena de La tempestad, le comunican que el proyecto se cancela y que debería tomarse un tiempo para recuperarse adecuadamente. La excusa de su debilidad física y anímica, en pos de la inclusión de un nuevo socio, es un golpe bajo que lo aleja de la única esperanza que le quedaba tras perder a su familia, por lo que la ruina es inminente en su vida.
Pero Felix no es amigo de la lástima ajena, por lo que decide empezar una nueva vida. Recoge sus escasas pertenencias, cambia su identidad y con el poco dinero de la indemnización se muda a una pequeña vivienda abandonada en las afueras de la ciudad. Al poco tiempo comenzará a trabajar en una cárcel, como profesor de un programa de alfabetización. Allí hará su magia a través de las clásicas obras de Shakespeare, no solo cambiando la perspectiva de los presos ante la vida misma, sino que verá, particularmente en La tempestad, la oportunidad que tanto esperaba para vengarse de los traidores que acabaron con su carrera.

La lectura es bastante intensa. Aunque es una historia interesante y Atwood tiene el don de cautivar al lector con su prosa, no es un libro para tomar a la ligera, principalmente por su gran carga reflexiva y su crítica social. Es así como podríamos desglosar el libro en tres grandes aspectos: la historia personal de Felix, el análisis de su venganza, la cual construye un paralelismo con La tempestad y, finalmente, el análisis a la obra misma de Shakespeare, que es elaborado por los presidiarios del lugar. Aunque todas estas partes están conectadas entre sí y difícilmente funcionen de manera aislada, no es complejo apreciarlas de manera individual por los aportes que cada una hace a la historia.

En primer lugar, la historia de Felix puede compararse tranquilamente con la de Próspero. Los dos han sido removidos injustamente de sus cargos, conduciéndolos a una inminente desgracia y, aunque su sed de venganza es la que parece mantenerlos en pie, todos sabemos que su mayor inspiración en esta tragedia son sus hijas, ambas llamadas Miranda. La gran diferencia es que la Miranda de Próspero es una agradable jovencita llena de vida e ilusiones, mientras que la Miranda de Felix es un doloroso y estático recuerdo de una niña de tres años que tiene la tendencia de transformarse, bajo invocación de su padre, en una presencia fantasmal que acompaña a Felix en sus andanzas y que ha desarrollado la habilidad de ir creciendo físicamente conforme pasan los años, tal como lo haría una persona real. Todo el dolor y el resentimiento que han corrompido su espíritu, han sido canalizados por Felix en su quimérica Miranda, quien ahora es una adolescente con sus propias opiniones e intereses, constituyendo un personaje más en la obra de Atwood.

En segundo lugar nos encontramos con el paralelismo en el que trabaja la autora con el clásico de Shakespeare porque, aunque las historias de ambos personajes se separan en uno de los aspectos principales, lo que se mantiene intacto es el objetivo: la venganza. Tanto Próspero como Felix son conscientes de que deben idear un plan maestro que les permita ajustar debidamente las cuentas con sus antagonistas. Este proceso no solo será un desafío en cuanto a la acción narrativa, sino que permitirá una exploración en los sentimientos más nocivos y tóxicos del ser humano.

Finalmente, un elemento interesante que Atwood ha añadido a la historia es la magnífica incursión que hacen los alumnos de Felix en el texto de La tempestad. Cada año los presos del Correccional Fletcher interpretan una obra diferente del dramaturgo, adaptándola a su propio lenguaje y poniendo su impronta en la construcción de cada personaje. Reconstruir la venganza de Próspero fue la oportunidad de conectarse con un discurso arcaico que desde su inocencia creían algo obsoleto y completamente ajeno a su realidad, adueñándose no solo de la historia sino de cada uno de los personajes, incluso llegando a elaborar pequeños ensayos donde se animaron a crear diferentes epílogos para la obra, todo ello gracias a la dedicación y perseverancia que Félix plasmó en sus enseñanzas.

Atwood ha elaborado una trama impecable en las que se ha tomado licencias al no trabajar en una historia que recreara únicamente la venganza de Próspero y que, al mismo tiempo, fuera actual y vigente, sino que también se animó a convertir el texto mismo de La Tempestad en un elemento narrativo indispensable en su mensaje. Si bien no es indispensable para su comprensión la lectura previa de la obra mencionada de Shakespeare, es sumamente recomendable para sacarle el máximo provecho a la experiencia, ya que somos partícipes de un taller shakesperiano con todas las letras, en donde no solo los alumnos profundizan en el argumento sino que indagan en los personajes e incluso en la prosa teatral. Es muy interesante el hecho de que no solo trasladan sus experiencias personales a la clásica historia, sino que también tienen la oportunidad de integrarla a su cotidianidad. Un claro ejemplo de ello es cuando Félix les permite insultar en clase solamente utilizando el vocabulario de Shakespeare, a lo que "Carne de horca", "Monstruo escorbútico" y "Semilla de bruja" se convierten en moneda corriente dentro del aula.

El poderoso abanico de personajes es otro de los puntos fuertes de esta historia. La correspondencia con los personajes de Shakespeare es muy acertada e incluso conocemos más sobre ellos debido a la profundidad que les da la autora. Claramente el que más destaca es Felix, un hombre intenso y extravagante, construido desde una interesante complejidad, que transita por los más diversos estados emocionales a lo largo de todo el relato, desde la angustia y el desconsuelo, naufragando en aguas de alucinación y locura hasta desembarcar en un terreno de disputa entre el escarmiento y la clemencia. Pero Felix no podría desenvolverse sin la presencia del resto de los personajes. Es interesante ver como Atwood explora las motivaciones de los diferentes presidiarios que en un primer momento se niegan a representar a las hadas de la obra o a Miranda, personaje que finalmente cobra vida gracias a la actriz con la que Felix estaba trabajando antes de ser despedido de la compañía, quién además será la responsable de despertar su lado paternalreavivando los sentimientos más nobles que existen en él.

La semilla de la bruja no es solo La tempestad reimaginada en un contexto actual, sino que es una poderosa herramienta que nos demuestra la importancia de los grandes clásicos como portadores de un agudo conocimiento de la naturaleza humana, que logra sobrevivir a todo obstáculo espacio-temporal. Si buscan literatura contemporánea de calidad que se regocije en lo clásico, han llegado al lugar correcto.



“Lo que debería preocuparos son las palabras, piensa al mirarlos. Eso es lo que de verdad es peligroso. Las palabras no se ven en los escáneres.”

MI CALIFICACIÓN




2 comentarios:

  1. Hooola!
    Justo la semana pasada leí un libro de esta autora. Me pareció magnífico y hermoso y lo súper disfruté, pero no sé si leería algo más de ella xD Ya veremos. No conocía este libro y sin duda le echo el ojo.
    GRACIAS POR LA RESEÑA <3 COMO SIEMPRE, TE QUEDÓ PRECIOSA <3 <3 <3
    Besos! Nos leemos :)

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  2. ¡¡Excelente reseña!! Transmite muy bien lo que me generó leer este libro hace ya varios meses. Reinterpretar una obra de Shakespeare es todo un reto y, en mi opinión, era difícil sacar partido de "La Tempestad", siendo como es una obra que se mueve entre el humor, el drama y la reflexión. Pero Margaret Atwood sabe explotar todos esos elementos con maestría y el análisis que hace de la obra la dota de mayor profundidad aún. Me gusta lo que dijiste en la frase final sobre la atemporalidad de los clásicos. Muchas veces la gente piensa que son obras anticuadas porque se escribieron en otra época, pero muchos de ellos exploran matices de la naturaleza humana que permanecen en el tiempo, así que, a su manera, continúan apelando a las nuevas generaciones. Y "La semilla de la bruja" es un buen ejemplo de ello ¡Gracias por la reseña! Espero tu próxima entrada. ¡Besos!

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