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domingo, 15 de abril de 2018

Review time: Toda una vida (Robert Seethaler)


Título: Toda una vida
Autor: Robert Seethaler
Publicación original: 2014
Editorial: Salamandra


A principios del siglo XX, llega a una pequeña aldea perdida en los Alpes el pequeño Andreas Egger, tras ser abandonado por su madre con apenas cuatro años. El niño crece sometido a la férrea disciplina de su tío, y su horizonte se agota en la cadena de enormes montañas que rodean el valle. Así, entre esas cimas de nieves perpetuas y esas paredes rocosas de fiereza salvaje que en su juventud laceraron su corazón con gélida impiedad, la vida de Andreas discurre entre la rudeza del entorno y una forzosa adaptación a los cambios que impone el progreso. Y aunque la construcción del teleférico y la irrupción del turismo de masas, con el consiguiente aluvión de excursionistas y esquiadores, desfiguran el microcosmos mudando las costumbres ancestrales, al final de sus días el octogenario Andreas permanece fiel a su naturaleza, contemplando una puesta de sol o bebiendo leche recién ordeñada con el mismo arrobo con que cincuenta años antes observaba embobado a la única mujer que le fue dado amar.

De una concisión y una pulcritud extremas, Toda una vida es una novela bellísima, una fábula sobre el sentido y el sinsentido de la existencia. Las pulsiones básicas del ser humano, la generosidad y el egoísmo, el amor y la muerte, son los pilares de un relato que fortalece el espíritu como un singular antídoto contra el desasosiego que invade al hombre moderno


Con un escenario invernal rodeado de montañas, con una existencia que parece no encontrar su lugar en el mundo pero cuyas raíces le impiden desprenderse del paisaje que lo vio crecer, Robert Seethaler crea para su personaje principal una atmósfera única. En una exquisita selección de momentos claves y sumamente personales de la austera vida del protagonista de ésta historia, el autor pareciera reunir en poco más de cien páginas, toda la melancolía que acoge al mundo, esa que nace en lo más profundo del ser humano.


La tecnología avanza, la población se expande y el turismo se apodera de un pequeño pueblo en los Alpes. Los cambios se suceden uno tras otro a gran velocidad, muy distante de la realidad que vive Egger, un reservado y solitario anciano, para quien la vida parece querer tomarse todo su tiempo. A principios del siglo XX, debido a una grave enfermedad, su madre lo deja a cuidado de un tío, del que poco obtiene más allá del techo y un plato de comida diario. Cuando crece y toma consciencia de los maltratos a los que es sometido, decide marcharse y empezar a ganar su propio sustento, por lo que allí comienza un largo camino que transitar. Una sucesión de crudos inviernos será la eterna compañía para un sin fin de hospedajes y posadas en los que pasará sus noches, trabajos forzados, un escenario bélico y un único y gran amor que lo marcará para siempre.

Las gélidas nieves que acechaban cada invierno fueron, a lo largo de su vida, el móvil encargado de los puntos de giro de su lúgubre historia. Le quitaron el sueño y los sueños, el refugio que construyó con sus propias manos e incluso decidió llevarse a Marie. Aquella adorable mujer fue un suspiro lo suficientemente largo como para endulzar el corazón de Egger y llenarlo de anhelos que durarían hasta el último de sus días. Pero así como aquel blanco manto supo quitar, también ofreció al taciturno hombre nuevas oportunidades. Grandes empresas siempre tuvieron en el punto de mira a la pequeña aldea a la que pertenecía. El atractivo paisaje dominado por las imponentes cadenas montañosas fueron gestando con el paso de los años la anhelada construcción de los teleféricos. Tras un ambicioso proyecto instalaron una cabina que transportaría a turistas y esquiadores, luego  dos, tres, cuatro más... y el progreso se impondría en aquel recóndito rincón del mundo. Con una lenta y pesada adaptación impuesta por el hambre y la necesidad de un techo, Andreas Egger pasó sus días como peón en los teleféricos y ya alcanzada una edad avanzada se entregó al turismo, guiando a extranjeros por aquellos caminos y senderos que conocía como la palma de su mano.




A través de Egger evidenciamos la ambigüedad que representan nuestras vidas. Su historia comprende un íntimo universo en el que todo sucede: lo bueno, lo inevitable, las inesperadas alegrías y los golpes bajos. Al mismo tiempo nuestras existencias parecen tan insignificantes comparadas con los avances que experimenta la sociedad que, sin importar lo que hagamos, nuestro entorno sigue su propio curso. Y es allí donde elegimos resistir o adecuarnos a lo que viene. Creo que Egger, a su modo, supo encontrar el equilibro justo en una ácida conformidad. No creía en nada y tampoco tenía nada que perder, aún así seguía transitando con paso firme el sendero de la vida. 

Con una profunda y emotiva prosa, Seethaler nos ofrece un poético acercamiento a los pormenores de lo cotidiano en el que la naturaleza es el ancla que nos mantiene sujetos a la realidad. Junto a Egger descubrimos la magnitud de un amanecer, de una puesta de sol, de un viejo sendero transitado durante toda una vida. Es, sin dudas, un relato breve pero efectivo a la hora de explorar las emociones humanas más profundas. 



"Se pueden comprar las horas de un hombre, robarle los días o arrebatarle toda su vida. Pero nadie puede quitarle a un hombre ni un solo instante."

MI CALIFICACIÓN


1 comentario:

  1. Hola! Gracias por la reseña♥. Nunca había escuchado de este libro ni del autor, no soy muy fan de los relatos y no me llama especialmente la atencion, por ahora pasaré de él pero no lo descarto para un futuro. Me alegro que te haya gustado♥
    Besos.

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