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viernes, 15 de diciembre de 2017

Reseña: La lección de August (R.J. Palacio)


Título: La lección de August
Autor: R.J. Palacio
Publicación original: 2012
Editorial: Nube de tinta

Su cara lo hace distinto y él solo quiere ser uno más. Camina siempre mirando al suelo, la cabeza gacha y el flequillo tratando en vano de esconder su rostro, pero, aun así, es objeto de miradas furtivas, susurros ahogados y codazos de asombro. August sale poco, su vida transcurre entre las acogedoras paredes de su casa, entre la compañía de su familia, su perra Daisy y las increíbles historias de La guerra de las galaxias.

Este año todo va a cambiar, porque este año va a ir, por primera vez, a la escuela. Allí aprenderá la lección más importante de su vida, la que no se enseña en las aulas ni en los libros de texto: crecer en la adversidad, aceptarse tal como es, sonreír a los días grises y saber que, al final, siempre encontrará una mano amiga.


Hay historias que, sin importar nuestra edad, la situación que atravesamos o los valores que cultivamos, llegan a nuestras vidas con un mensaje de amor y esperanza y, por supuesto, una lección para darnos. Hacia el 2013 se publicaba en Argentina un libro que se presentaba ante el lector con una portada muy peculiar y que nos prometía hablarnos un poco sobre bullying. Hace pocas semanas tuvimos la dicha de ver materializada su adaptación cinematográfica y es por ello que hoy, luego de una necesaria y placentera relectura, quiero hablarles de ésta maravillosa creación de R.J. Palacio.

La lección de August es un middle grade que narra el proceso de adaptación de August Pullman en su nuevo colegio. Auggie, como lo llaman su familia y amigos, tiene apenas diez años y es la primera vez que asiste a una institución, ya que toda su vida fue su madre quien se encargó de su educación. Aquella vida monótona y aislada se debió a que nació con el Síndrome de Treacher Collins,  un trastorno genético caracterizado por malformaciones craneofaciales, generándole complicaciones auditivas y, en menor medida, algún que otro inconveniente a la hora de comunicarse y alimentarse. Las numerosas cirugías reconstructivas por las que transitó desde su nacimiento, mejoraron notoriamente su salud, aminorando la fragilidad que antes le impedía salir de su casa. Ante este nuevo y esperanzador diagnóstico, sus padres decidieron enviarlo por primera vez a un colegio de verdad para que comienzara a relacionarse con otros niños de su edad. Y, como muchos intuirán, el proceso de inserción no resulta nada fácil. El aspecto físico de Auggie es una barrera en la relación con sus compañeros de clase. En algunos genera sobresalto, curiosidad o intranquilidad, y en casos más graves, las reacciones lo convierten en blanco de burlas y rechazo. 

Y como todo suceso se convierte en fuente de tantas historias como ojos son capaces de evidenciarlo, la narración es uno de los recursos más valiosos de la obra de R.J. Palacio. El punto de partida le pertenece al mismísimo August, quien nos introduce a su mundo para luego avanzar en la historia a través de la mirada del resto de los personajes. Esto nos permite evidenciar el modo en que éste tipo de situaciones repercute a diferentes personas: al protagonista, quien vive su condición en primera persona, a su hermana mayor, como familiar directo y quien ha debido independizarse a una edad muy temprana ya que sus padres pasaban la mayor parte del tiempo en el hospital con August; sus amigos y compañeros de colegio, tantos como los que lo aceptaron sin prejuicios desde el primer momento, como los que debieron atravesar un proceso de adaptación y comprender la nueva situación a la que se veían expuestos.



El regalo más importante del libro, sin lugar a dudas, es la actitud de August. En primer lugar, es admirable su capacidad para perdonar. Y no cualquiera puede presumir de ello. Aunque el recuerdo permanezca relamiendo sus heridas, aquello no le impide despojarse de todo resentimiento e indignación hacia la discriminación que vive por parte de su entorno. Continuamente es víctima de comentarios ofensivos y actitudes malintencionadas, como cuando la gente evita hablar con él, tocarlo e incluso cuando desvían la mirada ante su presencia. A pesar de ser un niño lleno de fortaleza y coraje, recibe día a día éste trato con mucha tristeza y decepción y aún así, intenta eximir a las personas de su frialdad e incomprensión, haciéndose dueño de una inquebrantable paciencia y portador de toda la tolerancia que a los demás les falta. Ésta cualidad sin duda lo convierte en un personaje envuelto en un aura de calidez y dulzura, ganando la empatía del lector.

"Cuando puedas elegir entre tener razón y ser amable, elige ser amable".

Aprecio mucho que ésta historia nos demuestre que el verdadero problema no está en él, sino en la discriminación que recibe, por lo que en segundo lugar, admiro su valentía, porque a pesar de sus miedos e inseguridades, nunca se rinde. Entonces, lo que lo acompleja y lo condiciona no es su condición, sino su entorno. ¿Se dan cuenta lo importante que es comprender y aceptar que el mundo es un enorme lienzo lleno de colores y matices y que el hecho de que la otra persona no sea como nosotros esperamos no nos da el derecho a fastidiarla? Todos somos diferentes y eso es suficiente para practicar el respeto y la tolerancia.

Además de ser una lectura ligera y tan escurridiza como agua entre los dedos, es completa en el trabajo emocional que realiza. En la diversidad que nos ofrecen los breves capítulos y los numerosos puntos de vista en los que es narrado la historia, nos sumimos en el particular sentido del humor de August, en momentos de gran empatía, situaciones de impotencia, amargura y tristeza, muchas veces contrarrestado por la dulzura que aporta la osadía de nuestro pequeño y, como bonus, el recurso lacrimógeno al que recurre Palacio en varios momentos de la narración. Un libro completo en todos los sentidos. 

Les aseguro que La lección de August está destinada a convertirse en un pequeño gran clásico. Independientemente de ser un middle grade, todo lector debería leerlo, al menos una vez en su vida,  porque esa sería una hermosa ovación a la amabilidad. Es una invitación a la reflexión, a mirar hacia nuestras actitudes para descubrir que la tolerancia puede esconderse en los rincones más ocultos e insignificantes de nuestra existencia.


"Todos deberíamos recibir una ovación al menos una vez en nuestra vida, porque todos vencemos al mundo."

MI CALIFICACIÓN


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